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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2004.
02/10/2004
La tolerancia, cuyo significado tuvo durante mucho tiempo una cierta carga negativa, se ha convertido hoy en uno de los valores- o virtudes- más apreciados por una parte de las sociedades occidentales. Muchas personas han hecho de la tolerancia un equivalente de la democracia, hasta el punto de considerar los aspectos políticos de un estado irrelevantes - o subordinados- comparados con los "niveles de tolerancia" mostrados por el mismo. "Hay que ser tolerantes" es la consigna a seguir. La tolerancia se considera la clave de la sociedad justa, de las relaciones internacionales productivas, de la lucha contra el terrorismo eficaz y éticamente aceptable, etc. Definirse como intolerante frente a cualquier hecho, actitud o doctrina es un pecado laico contra la sociedad progresista, independientemente de cuales sean esos hechos, actitudes o doctrinas.
Personalmente, encuentro esto contradictorio con la aspiración a una sociedad perfectible, y considero esa aspiración como la verdadera expresión de una actitud progresista.
La tolerancia es admitir la relatividad de todos o algunos aspectos de los actos y los pensamientos humanos. Aunque se exprese en la capacidad para convivir con actos y pensamientos distintos a los propios, se basa en admitir la legitimidad, en varios sentidos, de esos actos y pensamientos. Ser absolutamente tolerante supone el convencimiento de que nada es absoluto y de que nadie ni nada posee una verdad que no sea parcial o subjetiva.
Sin embargo, tal pretensión resulta auto- contradictoria, la tolerancia ilimitada aspira a ser una verdad y un valor absoluto al tiempo que niega que algo así pueda existir. Resulta más evidente si entendemos que la versión positiva se expresa de manera negativa como "intolerancia con la intolerancia".
Parece mucho más razonable admitir que existen algunas verdades y valores irrenunciables y que deben defenderse frente a quienes las amenazan, al tiempo que existen otros aspectos acerca de cuyo valor y certeza existen dudas y mostrarse tolerantes con ellos desde la asunción de esa realidad.
La tolerancia, más que un valor, es una actitud aconsejable en determinadas circunstancias, o en todo caso, un valor relativo a esas circunstancias, de tal modo que la intolerancia puede ser asimismo un valor respecto a circunstancias diferentes.
Así, la democracia y la actitud cívica progresista, en tanto aspira a una sociedad más justa considerándola perfectible, se define por asumir ciertas verdades y valores en ese camino de mejora y enfrentar sus amenazas, siendo intolerante con ellas, mientras muestra tolerancia- entiende como relativos y legítimos- otros valores y formas de afrontar la realidad en tanto pueden ser armonizados en el conjunto de valores y verdades asumidas por la sociedad como conjunto.
10/10/2004
Vivimos tiempos difíciles para los feos. Sobre todo porque ya no está nada claro quien es feo y quien no.
Antes uno era feo independientemente de su actividad o de su actitud vital. Uno podía ser feo y resultar atractivo o interesante. En realidad, uno podía estar seguro de ser feo si decían de él que era atractivo o interesante. Hoy en día la cosa se ha complicado.
Por ejemplo, uno ya no "es" feo, ahora "está" feo. Es una extensión de una cuestión médica y fisiológica. La gente no es gorda, está gorda.
De este modo, como uno puede elegir no estar gordo, también puede elegir no estar feo.
Otro ejemplo: uno no es viejo, está viejo. Podemos elegir no estar viejos.
Este descubrimiento ha sido admirablemente condensado en una frase que es un prodigio de la capacidad demostrada por la publicidad moderna para resumir filosofías (igualmente modernas): "No pesan los años, pesan los kilos".
Estás viejo y gordo porque quieres, amigo, puedes ser muy guapo, tanto como quien sostiene el producto anunciado en el spot publicitario.
Y para completar el círculo, la técnica proporciona la solución perfecta a problemas como puedan ser órganos faciales de dimensiones con medidas inapropiadas. O para órganos corporales de dimensiones escasas. Vamos, que puedes operarte la nariz, perfilar y engrosar tus labios, o ponerte unas tetas estupendas.
Por supuesto tampoco eres delgado, sino que estás delgado, "te falta masa muscular", para ser exactos.
La actitud positiva que conduce al nuevo estado perfecto se llama "ponerse en forma".
La resonancia médica de una frase así proporciona el antídoto contra acusaciones de ser una actitud frívola. No se trata de una mera cuestión estética, es por tu salud. Física y mental. La revolución del culto al cuerpo no necesita coartadas, lo pide el cuerpo.
Algunos detalles pueden ignorarse con elegancia. Por ejemplo, la obesidad se diagnostica a partir de ciertos parámetros con cierta tolerancia. Uno puede alejarse de su peso ideal en un sentido u otro y no padecer obesidad o padecer falta de tono muscular. O se desprecian con no menos elegancia recurriendo a que la actividad que conduce a la consecución del peso ideal proporciona, de algún modo, la actitud correcta desde un punto de vista psicológico de la salud. El pensamiento positivo es positivo el mismo, oiga.
El feo, en el nuevo sentido, es alguien que no tiene la actitud psicológica correcta y cuyos hábitos de vida perjudican la salud. El feo, señores, es culpable de su fealdad.
13/10/2004
Paulo Coelho es un fenómeno de masas. Traducido a 56 idiomas, publicado en 150 países y con más de 54 millones de libros vendidos. A pesar de ello, sus seguidores más fieles mantienen que Coleho no es un mero fabricante de Best Seller's al uso. Se refieren a su estilo literario y a los contenidos de sus novelas, supuestamente depurado el primero y profundos los segundos. No sé como alguien puede mantener en serio lo primero. Coelho es un autor de escritura fácil y de aún más fácil lectura. Sus primeros libros fueron publicados en España por pequeñas editoriales de muy poca tradición literaria. Publicó aquí primero en Obelisco, una pequeña editorial dedicada a libros de autoayuda tipo New Age y esoterismo. Después paso a Martinez Roca, especialista también en libros de ese tipo y en novela fantástica y de Ciencia- Ficción. Fué cuando conquistó el favor de cierto público cuando dió el salto a Planeta. El contenido de sus libros está en consonancia con las especialidades de sus primeran editoriales en España. Siempre hay quien considera profundo un libro que habla de consciencias universales, de misterios sobrenaturales, etc., sea cual sea el trato que se le dispense desde el punto de vista racional, pero debe concederse que no son temas que preocupen a la moderna filosofía o a la ciencia o que muevan recursos estatales de importancia. Quizá el más famoso libro de Coelho sea El Alquimista. El libro resulta casi infantil en cuanto a la profundidad de su argumento y la estructura de la narración, que repite estereotipos de esa clase de historias. EL libro cuenta la historia de un pastor de ovejas andaluz que viaja hasta las pirámides de Egipto en busca de un tesoro. Antes de llegar a su destino se encuentra con un mago que es capaz destilar el elíxir de la larga vida y ha fabricado la piedra filosofal, en forma de huevo, con cuya ralladura se puede convertir en oro cualquier otro metal. Abundan frases que uno no cree que nadie considere más que simplezas e ingenuidades. Por ejemplo: "Cada hombre sobre la faz de la tierra tiene un tesoro que lo está esperando”. Que muy pocos hayan encontrado algo así en la vida se explica, según el mago, porque "los hombres ya no tienen interés en encontrarlo". Otro ejemplo, que causó que Butcher abandonara la lectura del libro es esta frase: "Cuando deseas alguna cosa, todo el Universo conspira para que puedas realizarla" Pero hay muchas más: "La vida quiere que tú vivas tu Leyenda Personal"; "Todo es una sola cosa"; "Existe un lenguaje que va más allá de las palabras"; "Dios escribió en el mundo el camino que cada hombre debe seguir: sólo hay que leer lo que Él escribió para ti"; "Cualquier cosa en la faz de la tierra puede contar la historia de todas las cosas". Incluso llega a sugerir que la inmortalidad es algo a nuestro alcance. La obsesión con el misterio llega a extremos ridículos: "Era un día caluroso y el vino, por uno de estos misterios insondables, conseguía refrescar un poco su cuerpo". Pues si el hecho de que la ingesta de líquidos resulte refrescante es otro de los misterios insondables, apaga y vámonos. En la novela, incluso aparecen sueños que resultan premonitorios una vez interpretados ¡por una gitana que también le lee la mano al protagonista! Contenido muy seductores para ciertas mentes, pero de muy dudoso valor intelectual y en una estructura narrativapropia de un cuento de hadas. Puede aducirse que Coelho se limita a contar una historia en cuyos afirmaciones no cree, pero me parece dudoso. Coelho fué miembro de una secta satánica,practicó la wicca, hizo un viaje de iniciación por el Camino de Santiago para una “sociedad secreta católica” llamada RAM (Rigor-Amor-Misericordia) y ahora afirma haberse convertido al catolicismo, aunque impregnado de reminiscencias New Age. (Solo de pasada, un detalle de su biografía incluye varias reclusiones en un manicomio) La mayoría de sus libros tiene el mismo esquema del héroe a la busqueda de un tesoro, físico o simbólico, que es puesto a prueba. En Once Minutos, un libro de temática pretendidamente realista, la cursileria de Coelho, disimulada en sus otros libros por las temáticas “espirituales”, aparece aquí en todo su esplendor: "Tiene un poco de mi sudor, de mi concentración, de mi voluntad, y ahora te lo entrego.”, “Tú tienes mi tesoro: el bolígrafo con el que he escrito algunos de mis sueños". Cuando un joven pintor invita a su enorme casa a la protagonista, esta hace una brillante deducción: "Debía de tener dinero de verdad. Si estuviese casado no osaría hacer aquello porque siempre había gente mirando. Entonces era rico y soltero". Coelho es sin duda el típico fenómeno de ventas expicable por la sencillez narrativa y el atractivo que cierto aspecto de profundidad ejerce en mentes no demasiado exigentes en uno y otro sentido."
14/10/2004
Releyendo el artículo sobre la relación entre el saber y el creer compruebo que queda implícita una cuestión que constituye una discusión clásica sobre el saber y que sugiero en el último párrafo de aquél post.La definición del saber en el artículo, en su relación con el creer, habla de creencia verdadera justificada. Esto lleva fácilmente a la conclusión de que el saber no puede estar equivocado. Si algo se sabe, no cabe que no sea verdadero ese algo, pues, en ese caso, no puede llamarsele saber, que exige la condición de “verdadera” a la proposición en cuestión. Descartes pretendió acabar con todo trazo de duda para componer sobre la certeza subsiguiente un verdadero saber, pues subscribía esta linea de pensamiento. De ahí su “cogito”. No interesa ahora el éxito o fracaso de su empresa. Podemos resumir esto de la siguiente manera: “Si sabemos algo, ese algo no puede estar equivocado” “Si podemos estar equivocados sobre algo, no podemos decir que sabemos ese algo” Propongo a mis (escasos) lectores que se pronuncien sobre esta proposición. Esta es una de las bases del escepticismo radical filosófico clásico. Advierto, aunque probablemente sea innecesario, que la aceptación de ese argumento tal y como se presenta supone un ataque contra el saber como lo concebimos. (Y esto no deja de ser una pista) Recomiendo la lectura del artículo sobre la relación entre el saber y el creer que enlazo más arriba. En un par de días expondré la solución generalmente aceptada de este reto escéptico.
17/10/2004
Resumiendo el anterior artículo:
El escepticismo filosófico radical afirma que no sabemos nada y que no podemos saber nada. Una de las formas que plantea su reto parte de la definición clásica del saber, la cual puede expresarse como creencia verdadera justificada.
De esa definición se sigue de manera natural que si la creencia es falsa, no puede llamarse saber.
Sobre esta base se construye el siguiente argumento, en el que la primera frase actúa como premisa y la segunda como conclusión:
"Si sabemos algo no podemos estar equivocados sobre ello"
"Si podemos estar equivocados sobre algo, entonces no sabemos ese algo"
Ciertamente, la conclusión se sigue de la premisa, luego el problema debe encontrarse en ella.
Y así es, la premisa es falaz porque no se sigue necesariamente de la definición de saber. Lo que la definición dice es que una proposición debe ser verdadera en el sentido de que debe rechazarse como saber toda creencia juzgada falsa. Está delimitando el terreno de las creencias que pueden llamarse saber a partir de un proceso de justificación.
De x sabe algo, se sigue que x no es falso, que debe sobrevivir como verdad, no existe necesidad de que sea una verdad garantizada. Implica un juicio en el que la constancia de que una proposición es falsa la descarta como saber, pero no pide garantías de verdad.
De ser así, tendríamos que aceptar algo como que aquél que sabe algo es infalible sobre ello, y nada autoriza a ello ni en sentido lógico ni en ningún otro a partir de la definición de saber. Y nadie considera que "conocimiento" e "infalibilidad" sean términos para el mismo concepto.
En resumen, de "x sabe algo", no se sigue lógicamente que la falsedad de ese algo sea inimaginable en cualquier circunstancia, a pesar de que la verdad de ese algo sea exigible.
La mayoría de escépticos han reconocido la falacia de ese argumento, pero aducen que el concepto de saber que se maneja habitualmente es demasiado laxo y debería incorporar la exigencia de certeza, de una garantía de verdad.
Se basan en la existencia de la posibilidad de error, pero no basta con una mera posibilidad teórica para negar que la Ciencia, por ejemplo, con todas las evidencias y argumentos que la favorecen, no proporciona conocimiento. Que exista la posibilidad de error no significa que exista el error. Si exageramos las condiciones del conocimiento nos encontraremos con que no podemos satisfacerlas, está claro, pero para que esa reforma del significado tenga sentido y no responda a razones arbitrarias, se debe justificar con algo más que la mera posibilidad teórica de error. Debemos dar buenas razones para esa exigente reforma del conocimiento y demostrar su viabilidad. No basta con definir de una manera contraria a la aceptada y comprobar que no se puede satisfacer. Parece más bien un truco.
La carga de la prueba queda, pues, en el lado de los escépticos radicales.
20/10/2004
La polémica sobre las llamadas Caras de Bélmez está muy viva. En los telediarios de casi todas las emisoras nacionales se ha tratado la cuestión, y de manera, como casi siempre, muy poco crítica. La última novedad se refiere a la aparición de nuevas teleplastias- este es el término que los vende misterios usan para referirse a las caras- en casa de una sobrina de María Gómez Cámara, la fallecida propietaria de la casa en que aparecieron los polémicos rostros originales, y en la que María vivió unos años durante su juventud. Pedro Amorós, miembro de la SEIP es el “investigador” responsable de este nuevo descubrimiento. Y es responsable, al parecer, en un sentido muy directo. Sobre Pedro Amorós y sobre sus mentiras ha escrito Mauricio José Swartz en su recomendable El Retorno de los Charlatanes . En esta ocasión he sabido sobre la “hazaña” de Amorós en el nuevo hogar de las caras gracias a Gerardo, que en su bitácora Bajo el Volcán , nos ofrece un jugoso artículo al respecto. Al parecer, Amorós participó en un experimento destinado a comprobar si la hipótesis de Francisco Mañez sobre una explicación ajena a fenómenos paranormales para las caras era viable. El experimento, en cuya realización participó Amorós de manera activa, obtuvo resultados positivos, hasta tal punto que, según Mañez, las “nuevas caras” aparecidas ahora no son ni más ni menos que aquellas obtenidas artificialmente en aquella experiencia. Pedro Amorós presenta como un misterio algo que él mismo ayudó a crear con métodos nada misteriosos. Después de leer los artículos sobre Pedro Amorós en El Retorno de los Charlatanes, uno pensaba que no era posible aumentar la convicción acerca de la imperturbable solidez del rostro de este "investigador", pero, ¡demonios!, si, es posible. Addenda Mañez ha cambiado el final de su artículo suavizando sus declaraciones sobre las actividades de Amorós. Donde ahora dice " al parecer, Pedro Fernández y Pedro Amorós habían utilizado, casualmente, parte de mi método para fabricar teleplastias, obteniendo lo que era de esperar: Rostros semejantes a los de "la casa de las caras". , antes decía lo siguiente: A Pedro Fernández y Pedro Amorós les enseñé un método para fabricar falsas teleplastias, lo usaron y obtuvieron lo que se esperaba: Rostros semejantes a los de "la casa de las caras""
22/10/2004
Supongamos que un ciudadano entendiera que un reglamento de una institución de la que forma parte, es contrario a la ley o a determinados derechos. Supongamos que así lo manifiesta allá donde le escuchan y que invita a otras personas que piensan como él a que hablen en esa institución. Y supongamos que promueve una denuncia de tal reglamento ante alguna instancia judicial competente. Y que forma parte de una asociación legal que se dedica a difundir sus ideas.
Supongamos que otros señores piensan de manera contraria a este hombre sobre los mismos temas. Supongamos que esos señores se encapuchan e irrumpen en una sala en la que el anterior señor ejerce su función en la citada institución. Que interrumpen su actividad y le insultan, reparten propaganda en la que se acusa a ese señor de haber hecho exactamente lo que ha hecho y se pintan las paredes con consignas en las que se le tacha de enemigo del pueblo y se exige que se marche o se le destituya. Supongamos que los encapuchados se dirigen al despacho de ese señor en la institución en cuestión y sellan la cerradura y bloquean la puerta con tablas claveteadas.
¿Son legítimos y aceptables esos actos? ¿Solo los del primer ciudadano, solo los de los ciudadanos encapuchados? ¿Ninguno de ellos? ¿Tiene alguna importancia cual sea la idea defendida por ambas partes o por alguna de ellas para nuestro juicio?
Acabemos con las suposiciones, estos son hechos que han ocurrido realmente. El primer ciudadano es el profesor Francisco Caja , la citada insitución es la Universidad de Barcelona y los dos lugares concretos de esa institución donde ocurren los hechos es su el aula donde Caja está dando clases de Filosofía y su despacho en la universidad, respectivamente. El reglamento denunciado es el del uso del catalán en la Universitat Rovira i Virgili y la Universitat Pompeu Fabra.Las personas a las que Caja invita a conferenciar son Alejo Vidal-Quadras, Fernando Savater o Gotzone Mora. Los pasquines le acusan justamente de eso y las pintadas dicen cosas como esta: "Francisco Caja, enemic de Catalunya, enemic del català, fora feixistes de la Universitat". Las citas suelen ser peligrosas, pueden sacarse de contexto y ser usadas para hacer decir a su autor cualquier cosa, incluso lo contrario de lo que quiere decir. Pero también son usadas para ensalzar el valor moral o intelectual de sus autores, pudiendose dar el mismo efecto de descontextualización. No puedo, por ello, pretender que estos comentarios a unas citas de J.J. Benitez sean más que una aproximación divertida al “pensamiento” de nuestro cazador de misterios. Como atenuante, puedo asegurar que ninguna de las citas las extraigo yo, todas ellas figuran en el sitio web del autor, en las páginas llamadas “Citas”, “Curiosidades”, “Preguntas y respuestas” y “Biografía”. Al hablar sobre los objetivos de la serie “Planeta encantado” nos dice: " La intención no es explicar los misterios, sino plantearlos de cerca."Pero acerca de la razón de que la NASA suspendiera los proyectos tripulados a la Luna, tema del cual trata el capítulo de la serie conocido como el “Mirlo Rojo” nos dice: " No puedo desvelar ahora lo que constituye uno de los episodios de 'Planeta Encantado." Mi información procede de una fuente totalmente fiable. A la luna no se ha vuelto desde 1972 por algo muy grave, que ha pasado inadvertido a la opinión pública." En el citado capítulo, Benitez asegura que la explicación de este misterio- si, si, a pesar de la anterior cita, “explica el misterio”- es la contaminación ocasionada por la destrucción por parte de los americanos de unas ruinas de origen extraterrestre con el uso de ingenios nucleares. Lo que no muestra en ningún momento es la fiable fuente o cualquier otra prueba. Y debiera ofrecerla, dado que alega que: "Mis investigaciones siempre están basadas en hechos. Las teorías que puedan surgir son secundarias." Como en este caso el “hecho” es bien conocido, la supresión del programa lunar por parte de la NASA, su “explicación” sería la teoría surgida, que debemos imaginar secundaria. Debe ser por eso que no muestra prueba o fuente concreta alguna, pues si la explicación es secundaria, las fuentes deben ser terciarias como mínimo. Y eso a pesar de que las fuentes de Benitez suelen ser fiables. Vamos, que según nos cuenta, no parece que puedan serlo más: " A Dios sólo hay que pedirle información. Respuestas. Ese es mi secreto y puedo garantizarle que siempre responde. Haga la prueba..."Aunque, todo hay que decirlo, Benitez lo tiene más fácil que el resto, dados sus “contactos” con la Sagrada Familia: "Es fanático, amigo y socio de Jesús."Tiene Benitez otras fuentes igualmente familiares, aunque, desgraciadamente, fallecidas: " En esas conversaciones con mi padre le pregunté, qué hay detrás de la muerte, cómo es la muerte física o si existe la reencarnación. Ninguna de mis ideas preconcebidas tenían algo que ver con lo que decía mi padre."Así se explica que consiga sorprendentes conocimientos trascendentales sobre cuestiones tan importantes: " La muerte es sólo un ascensor."No piensen que Benitez no duda, de hecho: "Entiendo que dudar es el estado óptimo del hombre. Las certezas no son aconsejables (al menos en este mundo). Los individuos más peligrosos y negativos son siempre fanáticos; es decir, los que se creen en posesión de la verdad. Invitar a la duda significa avanzar. Significa pensar por sí mismo." Y, consecuentemente, duda, pero la resuelve con criterio riguroso: " A lo mejor fué todo fruto del subconsciente; sin embargo, no lo creo, ha sido una experiencia tan intensa que me ha cambiado mi modo de ver el mundo."Por cierto, ¿Pensaban que Benitez vivía de sus “investigaciones”? : "J.J. Benítez está casado con Blanca su primer gran amor y vive de su segundo amor, la mar."Y es que esas investigaciones son solo una misión que alguien, imagino que alguna de sus más importantes fuentes, le tiene asignado: " Todo está escrito para mí. Nada es casual. Cuando terminé el primer libro comprendí que debía ofrecer el resto de la información. El éxito comercial fué posterior y secundario. De haber pensado únicamente en el dinero no habría dejado pasar tantos años, entre libro y libro (el Caballo de Troya 1 fue publicado en 1984). Entiendo que la vida de Jesús que se cuenta en los "Caballos" toca el corazón de las personas. Esa es la clave." Y la investigación promete ser larga, ya que: "Cada vez estoy más lejos. Soy aprendiz de casi todo y maestro de nada. Cuanto más investigo, menos sé." Para terminar, una reflexión de Benitez sobre sus afirmaciones que comparto sin reserva: "Cuando me escucho me doy risa." "
25/10/2004
Uno de los reproches más repetidos contra la homosexualidad es su pretendido carácter contranatural.
No siempre está claro que se quiere decir con ese reproche pero, en general, suele adoptar una forma que empieza con la afirmación de que no es posible encontrar ejemplos, o son muy raros, de animales que la practiquen como soporte para la afirmación de que la función del sexo es la reproducción, terminando por aducir que, en consecuencia, la homosexualidad es un vicio, una enfermedad o, en todo caso, una anormalidad.
Las prácticas homosexuales entre animales no son tan raras como se pretende. José Martins, responsable del proyecto 'Delfín Rotador', ha documentado las relaciones homosexuales entre los delfines de la especie Stenella longirostris, afirmando que son habituales en los dos sexos. Bruce Bagemihl, en su libro “Biological Exuberance” asegura que la homosexualidad ha sido observada en 450 especies, en todos y cada uno de los grandes grupos animales; es decir, desde las moscas hasta los elefantes.
Ambos investigadores coinciden en afirmar que los animales usan de prácticas cuyo único objetivo es el placer sexual y afectivo y que no llevan aparejada la función reproductora. En el caso de Martins, se ha documentado la estimulación del pene por parte de los machos y de las hembras, incluida la felación. Bagemihl muestra ejemplos de animales que se masturban, usan herramientas para el estímulo sexual, usan del control natal, provocan el aborto, cambian de sexo- tanto hermafroditismo como transexualismo- forman parejas homosexuales y practican la adopción.
Pero si no existieran esos ejemplos, de ser una práctica exclusivamente humana, la homosexualidad se uniría a aquellas que también lo son. Que no aparecieran ejemplos de homosexualidad en el resto de los animales no convierte necesariamente en contranatural la homosexualidad, en todo caso la convertiría en una tendencia característica de la naturaleza humana.
Pero lo más sorprendente de ese reproche lo constituye para mí que casí siempre lo exiben aquellos que al mismo tiempo reclaman la unicidad de la especie humana en superar las ataduras de la naturaleza, en ser los únicos capaces de vencer sus instintos y actuar en contra de los mismos. Para estas personas, enfrentar los instintos naturales, por el mismo hecho de hacerlo, tanto puede constituir una afrenta a la dignidad como una hazaña heroíca.
¿No son los mismos que hablan del valor que supone ser una minoría a la hora de sostener ciertos principios en contra de la tendencia mayoritaría de la sociedad? ¿Es un vicio, una enfermedad, o en todo caso, una anormalidad ser casto?
28/10/2004
Respecto a la polémica sobre las caras de Bélmez, han aparecido algunos titulares en periódicos, mensajes en foros y listas de correo y en comentarios de todo tipo una frase que me resulta especialmente irritante: “Los científicos no tienen explicación para las nuevas caras” No es cuestión de entrar ahora en el caso concreto de Bélmez y sus caras, del cual se sigue hablando suficientemente. Me interesa aquí la primera parte de la frase, especie de tópico repetido constantemente en relación con los supuestos enigmas paracientíficos. Este es un tema acerca del cual ya hablamos aquí hace unos meses. Cuando se apela a esa supuesta falta de explicación por parte de los científicos se suele ofrecer otra explicación alternativa de carácter acientífico, como sugiriendo que existen explicaciones, pero que los científicos, dogmáticamente fieles a principios naturalistas, se niegan a aceptarlas y ni siquiera pueden imaginarlas. Supone esto que todas las explicaciones pertenecen a la misma categoría general, asignando el rigor científico a prejuicios ilegítimos, prejuicios que desaparecerían "abriendo la mente" . Por tanto, existen explicaciones para todo y solo quienes son presa de prejuicios permanecen ciegos a ellas. En cierto modo es cierto. Todo puede explicarse. Y los científicos, como todos, son capaces de imaginar una explicación. Pero sucede que eso es solo atendiendo a un significado del término explicación que no es correcto. Una explicación ha de consistir en dar cuenta de las causas o motivos de algo. Para que una explicación merezca ese nombre ha de contar con una justificación. El movimiento del Sol, la Luna y el resto de cuerpos del cielo respondían a grandes rasgos, al modelo geocéntrico, pero si alguien mantuviera hoy en día que esa es la explicación de los movimientos de los astros en el cielo, lo tomaríamos por loco. Y es que una explicación sin justificación no es tal, sino una especulación, una simple historia acerca de cómo pueden ser las cosas, no acerca de cómo son. A ese juego todo el mundo sabe jugar. Pero cuando uno se dedica a algo más que a dejar jugar la imaginación, cuando se exige rigor, no da “explicaciones” de ese tipo.
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