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CONTRA TODO NACIONALISMO

Esta anotación se refiere al nacionalismo como doctrina, no a un nacionalismo concreto o, en todo caso, se aplica a todos los nacionalismos.

Probablemente, el avance en matería política más importante y a partir del cual emana la doctrina política más sólida desde el punto de la justicia, como valor ético, es el del reconocimiento de los derechos humanos y su universalización a todos los miembros de la especie, por el hecho de pertenecer a ella, por encima de razas, nacionalidades, credos, sexo o ideología. Esto convierte al individuo humano, como tal, en soberano de sí mismo que cede parte de ella a sus representantes en la vida socialmente estructurada. Lo importante es, a mi juicio, el reconocimiento implícito y explícito de la individualidad, cada ser humano es un “universo” forjado en su experiencia vital.

El nacionalismo se basa en la existencia de un concepto con realidad concreta, dotado de “esencias” que conforman su naturaleza, su realidad, y el individuo, sin dejar de serlo ni dejar de reconocer sus derechos, se ve impregnado de ella, es en gran parte fruto de su pertenencia a esa nación. Para el nacionalismo, el disidente, el que no encaja en la definición ideal de miembro de la nación, es un traidor o, en el mejor de los casos, un engañado o desviado por influencias, por supuesto extranjeras y, por tanto, ajenas a su “naturaleza”. Es la nación la que define al individuo, pues se concibe a ella dotada de características propias, inmutables, esenciales, contradiciendo la evidencia de que los pueblos cambian y son, en cada momento, el resumen, la suma de las naturalezas y los caracteres de las individualidades que las forman.

El individuo no hace, por tanto, su historia y con él la de su colectivo, sino que es él el que se ve modelado por aquella, viendose atado por lo que en un campo de batalla de hace siglos se decidiera en nombre de principios y con aspiraciones completamente diferentes a las que hoy preocupan. Todo consiste entonces en una tensión en la que un pueblo intenta mantener una identidad frente a quienes pretender arrebatarsela.

Todo ello se traslada al momento presente con consecuencias directas. En una sociedad actual en la uqe los derechos son esencialmente individuasles y es el ciudadano el protagonista, los nacionalistas insisten en hacer a los pueblos protagonistas por encima de los individuos y hacen del grupo una realidad superior a la de este.

Por ello, para el nacionalista la voluntad del pueblo debe ser una que se corresponda con una realidad que le viene ya dada. Contradecirla es solo consecuencia de la ceguera o de la manipulación. La realidad no es, por tanto, cambiante y adecuada a los tiempos y circunstancias presentes, sino determinada por una esencia o naturaleza propia o por su traición, por lo que el nacionalista preconizará siempre una vuelta a valores seculares propios como forma de vencer las adversidades de los tiempos, que son consecuencia del abandono de la propio.

seguirá otro día...
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