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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2004.
20/04/2004
Pues aquí estoy.Participo en muchos foros de internet.Me interesa la política, nacional e internacional, la filosofía, la ciencia y las creencias, religiosas o de otro tipo. Casi nunca es posible encontrar un lugar de debate en el que no acabe reinando el insulto o la referencia personal: rojo, facha, descreido, crédulo, apátrida, nacionalista, etc. De todo me han llamado o han llamado a personas que simplemente argumentaban, mejor o peor, contra las ideas de otros. Casi todos los foros visitados responden a una postura concreta, atea, creyente, escéptica, esotérica, de derechas, de izquierdas, etc. Incluso en la mejor de todas las comunidades, que casualmente administro junto a otros amigos, Normas Eticas , se parte de una postura concreta, la escéptica. Me he propuesto examinar algunos de los hechos cotidianos y de las opiniones que suscitan y, de paso, examinar mi capacidad de objetividad y de todos los que quieran ponerla a prueba. Con tus comentarios me ayudarás a una y otra cosa. Gracias y saludos
21/04/2004
Iraq, terroristas, tropas y gobiernos.“La decisión de hacer volver las tropas refuerza a los terroristas”. ¿No has oído decir esto mismo a nadie antes?. ¿Y esto otro?: “La decisión de mandar tropas a Iraq motivó los atentados de Madrid el 11 de marzo”.
Ambas afirmaciones pueden ser ciertas, o solo una de ellas, o tal vez ninguna de ellas. Seguramente solo los terroristas conocen los motivos exactos que les llevan a cometer sus crímenes y solo ellos comprenden bien la lógica interna de sus actos.
Lo que me preocupa es saber si un gobierno legítimo debe tomar sus decisiones pensando en lo que los terroristas opinarán sobre ellas. Si un gobierno considera justo o necesario enviar tropas a un lugar, o si considera igualmente justo o necesario hacerlas volver de algún lugar al que previamente fueron enviadas, ¿debe basar su decisión en las consecuencias que los terroristas quieran hacer recaer sobre la sociedad que ese gobierno representa?. ¿Y el juicio sobre tal decisión debe basarse totalmente o en parte en ello?. Tal vez un grupo terrorista considere que es bueno hacer volver las tropas y otro grupo considere que esa decisión debe “castigarse” con el peculiar estilo de los terroristas. Algunos grupos terroristas de izquierdas consideran que marginar a las mujeres es propio de sociedades machistas y autoritarias, y que son sus enemigas, mientras que otros, de contenido religioso, consideran que la mujer no debe tener lugar en la vida pública, ni siquiera debe ser visible en la calle. ¿Deben nuestros gobernantes y legisladores tomar en cuenta la opinión de los grupos terroristas sobre la cuestión del papel de la mujer en la sociedad para legislar y la posibilidad de que la decisión adoptada provoque represalias teroristas?.
Volviendo a las frases que motivarón esta anotación, creo que ambas son decisiones legítimas de gobiernos legítimos, se compartan o no, y que deben ser tomadas sobre la base de cuestiones que nada tienen que ver con lo que opinen sobre ellas los grupos terroristas. El Estado debe garantizar la seguridad de los ciudadanos, no complacer o contradecir a los que atentan contra ella.
24/04/2004
Israel, Palestina, terrorismo y asesinos.Parece que las únicas opciones que se le presentaran al observador imparcial de los acontecimientos en el conflicto entre palestinos e israelíes fuera justificar todos los actos de una u otra parte y condenar los de la contraria. Es decir, que no existe el observador imparcial, o al menos objetivo. Y yo creo que eso no es cierto.
Hace unos días una operación del ejercito israelí acabo con la vida de Rintisi, jefe de HAMAS.
Que Rantisi fuera un terrorista o un apoyo significativo de los mismos no justifica cualquier acción contra su persona. Algunos consideran que la biografía del muerto la justifica. No es la única biografía implicada, deberían ponderar la del hijo de Rintisi y la de sus guardaespaldas igualmente muertos. Y la de los civiles muertos o heridos en esa acción u otras similares.
Que Israel tiene derecho a defenderse nadie lo niega, tampoco que los palestinos tienen derecho a un territorio. Pero en ninguno de los casos hay una cláusula implícita o explícita que diga algo así como " por cualquier medio". Y el caso es que los palestinos condenan los medios por los que Israel pretende defenderse, e Israel condena los que los palestinos emplean para conseguir sus objetivos. Ambos creen que no todos los medios son legítimos, aunque los fines lo sean.
Tampoco existe una conexión automática entre decisión gubernativa y legitimidad. Los gobiernos legítimamente constituidos pueden defraudar y cometer errores. Un Estado legítimo, a este respecto, no lo es porque no cometa errores o tropelías, sino por disponer de los mecanismos que corrigen unos y depuran los otros. El gobierno israelí, legítimamente surgido de unas elecciones, ordena asesinatos selectivos como sentencia de condenas, y ni una ni la otra son fruto de órganos competentes en un estado de derecho. La Autoridad Nacional Palestina, legítimamente surgida del consenso internacional, incluido el israelí, y de la legitimidad de unos acuerdos avalados por la ONU, usa del terrorismo indiscriminado y asesino, condenando a muerte igualmente y ejecutando, sin más garantía, como en el caso de Israel, que el criterio de un gobierno.
No discuto que Rantisi fuera o no un criminal ni justifico sus acciones ni las de cualquier otro terrorista. Lo que no hago es justificar cualquier acto en función de contra quien se realice, del objetivo propuesto o de la fuente de la decisión. Lo cual afecta a israelíes y palestinos por igual.
Y nadie puede ser acusado de "progre" o de "facha" si lo que ataca o defiende no es una ideología, una patria o una facción, sino una acción con argumentos éticos y jurídicos que debe ser el campo común de entendimiento. Desde ahí se debe argumentar la muerte de Rintisi. España y el derecho de autodeterminación.Es bastante frecuente escuchar a líderes nacionalistas que España no reconoce o no respeta el derecho de autodeterminación de los pueblos. Eso es falso, son afirmaciones equivocadas.
Cuando la Asamblea General de la ONU de diciembre de 1966 adoptó los pactos sobre los Derechos Humanos, en cuyo preámbulo se recogía el derecho de los pueblos a la autodeterminación, España no solo no se opuso, sino que fue favorable a su adopción. Cuando en 1976 estos pactos entraron en vigor, el Estado español no efectuó reserva alguna y se consideró normalmente aceptado. Es más, España se ha mostrado tradicionalmente favorable en su acción y declaraciones en toda ocasión en la que el escenario internacional lo ha demandado.
No tiene, pues, ningún fundamento reclamar a España que acepte ese derecho reconocido por la ONU y único soporte legal del mismo cuando España es miembro de pleno derecho de esa organización y no ha efectuado reserva o salvedad alguna en el plano teórico o práctico ni ha sufrido denuncia o advertencia de ningún tipo a ese respecto por la ONU o alguno de sus organismos.
Insistir en ese argumento y al mismo tiempo pretender que ese hecho coloca a España o sus gobiernos en una situación éticamente inferior a quienes dicen aceptarlo es caer en la falsedad y, por tanto, en la injusticia. Lo que nacionalistas vascos, catalanes y otros reclaman a España y lo que realmente se debate no es el respeto a ese derecho, sino el reconocimiento de ciertas zonas de España como sujetos de ese derecho. Y ese es un asunto en el que las distintas opiniones no conllevan un posicionamiento más o menos "progresista" o avanzado en sentido alguno, es una cuestión empírica referida a estatutos políticos y referencias históricas y culturales. El único referente ético implicado en la cuestión, la única actitud a juzgar desde esa perspectiva es el respeto escrupuloso a la verdad. Es decir, España no puede verse acusada de negar el derecho de autodeterminación, y mucho de menos de no respetarlo, como muestra su trayectoria sin un debate previo acerca de los sujetos de ese derecho, que es lo realmente en cuestión.
No basta para ello que una ideología asuma ese hecho en su programa o que sea ese el principio que le da sentido como formación, sea política o cívica, pues como es evidente, es el fruto de una perspectiva partidista, ideológica, la cual puede ser aceptada o seguida por un número mayor o menor de personas como todas las ideologías. Pero la verdad objetiva no se decide por referéndum, algo es o no es de una determinada manera independientemente de cuantas personas estén de acuerdo con ello.
Por otra parte, es tendencioso e incluso atentatorio contra la convivencia presentar el debate como una pugna entre una ideología progresista frente a una reaccionaria. Por ejemplo, la ideología nacionalista no puede, desde ninguna perspectiva que no sea la propia, imponer que su idea de que el concepto de "nación" o " pueblo" define al individuo es superior a la liberal de que es el individuo el sujeto de derechos y deberes y que el pueblo o la nación es un concepto cambiante definido precisamente en función del carácter determinado de los individuos que lo forman en cada momento, sea superior ética o políticamente y que el debate se efectúe desde sus presupuestos. Que ellos consideren que esos presupuestos son los correctos no impide ni aporta argumento alguno a la idea de que no lo son.
Hasta ahora, que yo sepa, no se aportado ni un solo argumento jurídico por parte de los demandantes del carácter de sujeto de derecho de autodeterminación para esas zonas que haya sido refrendado por organismo internacional independiente alguno. Lo cual no significa que no exista, por supuesto. Pero si significa que las acusaciones contra España, sus gobiernos o las fuerzas políticas enfrentadas a esa idea son falsas e injustas.
26/04/2004
Galielo tenía razón, tú no. El nombre de Galileo Galilei aparece com mucha frecuencia cuando en un debate se ve rechazada una hipótesis inconsistente o una creencia irracional como argumento cuando cada uno de los razonamientos ha sido rebatido. Se trata de establecer algún tipo de identidad entre el gran pisano y el defensor de la hipótesis heterodoxa sobre la base del común desprecio y humillación sufrida por el primero, como si el hecho de que en el caso del primero la hipótesis defendida acabará siendo correcta apoyara la veracidad de la del segundo. Blondot, el científico francés que defendió hasta el final de sus días la existencia de los rayos N sufrió el mismo desprecio, y su memoria no ha sido vindicada respecto a esa cuestión. El hecho de ser rechazados no consiguió comunicar ni un solo ápice de realidad a los rayos N. Por cada caso como el de Galileo existen docenas como el de Blondot. Lo que decide ante que clase de situación nos encontramos no es el hecho de ser rechazada o admitida la hipótesis en el momento de ser formulada, sino el exámen de los argumentos teoricos y experimentales que apoyan a unas y otras. La hipótesis que defendió Galileo ha sido aceptada, no por el rechazo que experimentó, sino sobre la base de su apoyo argumental. Es decir, no sabemos que Galielo tenía razón por el rechazo, sino por las evidencias que sustentaban la hipótesis defendida por él. Galileo pidió que se tratara a todas las hipótesis de un modo determinado, y no el que él sufrió. Y precisamente es el debate sobre los argumentos, y el rechazo sobre la base del resultado de ese debate, lo que demandaba. Lo que el heterodoxo pide apelando al ejemplo de Galileo es que se repita el error. Porque no solo se cometen errores rechazando, también aceptando hipótesis de manera incorrecta. Y si algo puede hacer el método científico con eficacia es desechar hipótesis, falsarlas. Otro aspecto de la apelación a Galileo es aquel que pretende hacer un valor del enfrentamiento a los conocimientos sólidamente establecidos por el simple hecho de enfrentarlos. La contrapartida es que aceptar una teoría científica sostenida “oficialmente” es una cobardía o puro entreguismo. Naturalmente, es necesario ser valeroso para contradecir que la Tierra gira alrededor del Sol, y que es este el que gira alrededor de la Tierra, pero poco aporta al debate sobre la realidad del mecanismo del Sistema Solar. El que ciertos valores, como la valentía, la sinceridad, etc sean necesarios en la actividad científica no los convierte en suficientes. En la historía del saber se han defendido con arrojo y osadía errores enormes. Tampoco el que una hipótesis sea defendida por la “oficialidad” es garantía de error o de acierto. De ambos casos hay en la historía. El saber se construye con sus propias leyes, las del conocimiento. ¿Telepatía o casualidad? Supón que te encuentras en el salón de tu casa cómodamente sentado en tu sillón pensando en aquel primo, amigo al que hace tiempo que no ves o en ese cantante o actor famoso del que ya no oyes hablar. En un lapso de 5 minutos siguientes al instante de tu pensamiento suena el teléfono y te comunican que esa persona ha fallecido. ¿Telepatía?. Para averiguarlo debemos resolver un problema: ¿ cuál es la probabilidad de que, a los 5 minutos de pensar en una persona nos enteremos de su fallecimiento por pura casualidad?. Para resolverlo necesitamos conocer el número de personas conocidas, en un sentido amplio, de las cuales nos enteramos de su fallecimiento y el número de personas conocidas en las que pensamos en un determinado lapso de tiempo, pongamos un año. Pongamos que conoces a diez personas de esas características y que piensas una sola vez en ellas a lo largo de un año. Trato de ser conservador en las estimaciones. Sabiendo que un año tiene 105.120 intervalos de 5 minutos, ¿ cuales son las posibilidades de enterarnos del fallecimiento de esa persona precisamente en ese pequeño intervalo de 5 minutos después de que hayamos pensado en ella?. La respuesta, obviamente, es de 1 sobre 105.120. Muy bajo. Pero conocemos 10 personas que fallecen en un año, luego la posibilidad de que ese suceso se dé es la suma de las probabilidades de cada uno de ellos, es decir, de 1 sobre 10.512. Mejor, pero sigue siendo bajo. Claro que, bien pensado, todos conocemos gente, pensamos alguna vez en ellas y nos enteramos del fallecimiento de alguna. Lo cual nos lleva a que la probabilidad de que un suceso así se dé es igual a 1 dividido entre 10.512 multiplicado por la población en cuestión. En el caso de España, si tomamos una población de 20.000.000 (la población es del doble) de personas tenemos que algo así ocurrirá por puro azar casi 2000 veces al año. En Europa unos 70.000 casos anuales y para el total de la población mundial unos 600.000 casos todos los años. He seguido el libro de Henry Broch y Georges Charpak: Conviértase en brujo, conviértase en sabio. Dios y la causa de la existencia.Algunas personas que creen en la existencia de Dios ven justificada esa creencia en un razonamiento más o menos como este: todo lo que existe lo debe a una causa, por tanto, todo debe remontarse hasta una causa primera si no queremos caer en una regresión infinita, a esa causa primera la llamamos Dios.
El problema evidente es que si aceptamos que todo tiene una causa no hay motivo para frenar la regresión en un punto, Dios necesita su propia causa. A esto se suele objetar que Dios es “causa sui”, que por alguna característica de la naturaleza de Dios, este es causa de sí mismo. Y que la alternativa es una regresión infinita que “repugna” a la razón.
Pero esto viola la condición de la primera premisa, según la cual todo necesita su causa, y esta, la causa, es algo anterior y distinto al efecto. Estamos cambiando la definición de causa para poder introducir algo que se cause a sí mismo. No parece aceptable y desde luego no “repugna” menos que la alternativa.
Hay una cuestión que permanece ambigua. Se trata del verdadero significado de la palabra existir en la frase: todo existe por alguna causa. Se trata más bien de decir que todo está construido de algo preexistente, y esto último con otros ingredientes también preexistentes y así sucesivamente. Esta no es una experiencia directa de “llegar a ser” de pasar de la nada a la existencia. Es más un transformar, un modificar lo existente. Dios, si es algo, constará de alguna “esencia”, de algún ingrediente preexistente, pues no cabe pensar que no sea nada.
Y si se considera que algo puede originarse de la nada o que algo puede haber existido siempre. ¿porqué Dios y no el Universo?.
27/04/2004
EL MITO DE LA VOLUNTAD POPULAR EN DEMOCRACIA Uno de los conceptos mitificados en nuestra sociedad es el de respeto a la voluntad de la mayoría. Se considera que lo legítimo de un acto se define por su acomodo a esa voluntad o, como consecuencia, que un acto en oposición a esa voluntad no puede nunca ser legítimo. No es que se considere que el deseo de la mayoría sea la única fuente de legitimidad, pero si el supremo, la última instancia. Es un entender que esa es la expresión práctica del concepto de “soberanía del pueblo”. Esto nos puede conducir a alguna paradoja o, cuando menos, a alguna situación sorprendente. Por ejemplo, la mayoría podría decidir que es bueno marginar a las mujeres o a los gitanos. O que la democracia es indeseable y que es mucho más conveniente una dictadura. Esto último resulta especialmente paradójico, es deseo democrático que exista una dictadura. El problema radica en que en realidad lo que la mayoría expresa es una respuesta a una necesidad, no un simple deseo como gusto o capricho es un deseo de satisfacer una necesidad, de armonizar la convivencia. En todo ello subyace un cierto valor ético de justicia y uno funcional de eficacia. Naturalmente, nadie cree que todo debe ser decidido por mayoría ni en todo ámbito. Se trata de decisiones que afecten al conjunto del estado y, en algunos casos, a grupos concretos. “Lo que nos afecta a todos”, a todos los implicados en una cuestión, a los que la decisión afectara de algún modo. Las mayorías pueden equivocarse, sobre todo cuando se trata de cuestiones de alto contenido técnico como, por ejemplo, decisiones económicas, jurídicas, etc. Las mayorias no gobiernan, ni legislan ni juzgan. Ni siquiera, en nuestro país, eligen a los gobiernos, sino a las Cortes que eligen a ese gobierno. En todo caso, y en sintonía con lo dicho más arriba, lo que subyace a la elección concreta es que los elegidos administren su representación con justicia y eficacia. Pero en esas labores no siempre todos los aspectos son evidentes o están en disposición de la opinión pública, ni aún estando disponibles se puede considerar que la mayoría como tal es capaz de juzgar siempre la medida idónea. Las mayorías pueden equivocarse tanto en aspectos técnicos como en aspectos éticos, como deciamos. El representante electo tiene la obligación principal de procurar el bien general y asegurar los derechos individulaes y, en esa actividad, puede verse en el conflicto resultante de decidir entre apoyar la opinión mayoritaria libremente expresada o tomar medidas menos populares pero más eficaces o justas. En regímenes autoritarios puede darse la aparición de los “salva patrias”, aquellos personajes que dicen ver claro cual es el bien de la sociedad y que en su nombre pueden suprimir la soberanía popular y los derechos elementales. Pero en un régimen democrático con separación de poderes existen órganos de control dentro de cada poder y entre poderes que evitan estos peligros. A un representante electo se le debe exigir aplicación y lealtad en su tarea, sin que ello signifique obedecer la opinión pública al pie de la letra en cada momento, sino el uso de sus cualidades técnicas y la estricta observancia de los principios de justicia recogidos en la Constitución y otras declaraciones colectivas. Y sobre esa base se fiscalizará su proceder. Seguirá otro día...
28/04/2004
¿Que significa tener una mente abierta? En sentido general, es una llamada a mantener una actitud libre de prejuicios ante cualquier hipótesis o creencia. Suele verse utilizada preferentemente por defensores de hipótesis o creencias con escasa o nula evidencia empírica, pues de existir esta, no sería necesaría esa actitud, sino que más bien se debería recomendar que lo que se abriera fueran los ojos o el entendimiento. Es dificil enfrentarse a esa recomendación, los prejuicios pueden conducir fácilmente a actitudes dogmáticas de negación. Sin embargo, es evidente que esa actitud no significa o equivale a aceptar cualquier hipótesis o creencia, o a renunciar a su examen. Todo el mundo, con mente abierta o no, tiene una opinión al menos acerca de algún tema, y por prestar apoyo a una alternativa no se debe suponer que esa mente permanece cerrada. En la formación de la opinión, como en la aceptación de hipótesis en Ciencia, no solo cuenta el aprecio, gusto o deseo personal por una alternativa, algo asimilable al prejuicio, si no que existen ciertos criterios que permiten discernir la solidez de unas hipótesis o explicaciones frente a otras. Criterios que, de ser aplicados, evitan la acusación de prejuiciosa para la adopción de aquella que de ello derive mayor solidez. En realidad, esto constituye el juicio por oposición al prejuicio, que tiene decidido su apoyo por cuestiones ajenas al análisis. Tener la mente abierta significa someter a crítica o análisis toda hipótesis conforme a ciertos criterios y aceptar su veredicto por lejano a nuestras creencias previas que pueda resultar. Creer en algo a pesar de la falta de apoyo argumental no es tener la mente abierta, es falta de criterio.
30/04/2004
CONTRA TODO NACIONALISMOEsta anotación se refiere al nacionalismo como doctrina, no a un nacionalismo concreto o, en todo caso, se aplica a todos los nacionalismos.
Probablemente, el avance en matería política más importante y a partir del cual emana la doctrina política más sólida desde el punto de la justicia, como valor ético, es el del reconocimiento de los derechos humanos y su universalización a todos los miembros de la especie, por el hecho de pertenecer a ella, por encima de razas, nacionalidades, credos, sexo o ideología. Esto convierte al individuo humano, como tal, en soberano de sí mismo que cede parte de ella a sus representantes en la vida socialmente estructurada. Lo importante es, a mi juicio, el reconocimiento implícito y explícito de la individualidad, cada ser humano es un “universo” forjado en su experiencia vital.
El nacionalismo se basa en la existencia de un concepto con realidad concreta, dotado de “esencias” que conforman su naturaleza, su realidad, y el individuo, sin dejar de serlo ni dejar de reconocer sus derechos, se ve impregnado de ella, es en gran parte fruto de su pertenencia a esa nación. Para el nacionalismo, el disidente, el que no encaja en la definición ideal de miembro de la nación, es un traidor o, en el mejor de los casos, un engañado o desviado por influencias, por supuesto extranjeras y, por tanto, ajenas a su “naturaleza”. Es la nación la que define al individuo, pues se concibe a ella dotada de características propias, inmutables, esenciales, contradiciendo la evidencia de que los pueblos cambian y son, en cada momento, el resumen, la suma de las naturalezas y los caracteres de las individualidades que las forman.
El individuo no hace, por tanto, su historia y con él la de su colectivo, sino que es él el que se ve modelado por aquella, viendose atado por lo que en un campo de batalla de hace siglos se decidiera en nombre de principios y con aspiraciones completamente diferentes a las que hoy preocupan. Todo consiste entonces en una tensión en la que un pueblo intenta mantener una identidad frente a quienes pretender arrebatarsela.
Todo ello se traslada al momento presente con consecuencias directas. En una sociedad actual en la uqe los derechos son esencialmente individuasles y es el ciudadano el protagonista, los nacionalistas insisten en hacer a los pueblos protagonistas por encima de los individuos y hacen del grupo una realidad superior a la de este.
Por ello, para el nacionalista la voluntad del pueblo debe ser una que se corresponda con una realidad que le viene ya dada. Contradecirla es solo consecuencia de la ceguera o de la manipulación. La realidad no es, por tanto, cambiante y adecuada a los tiempos y circunstancias presentes, sino determinada por una esencia o naturaleza propia o por su traición, por lo que el nacionalista preconizará siempre una vuelta a valores seculares propios como forma de vencer las adversidades de los tiempos, que son consecuencia del abandono de la propio.
seguirá otro día...
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