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Saber/Creer

El experimento científico.

La actividad científica presupone un mundo real, y sensible. No solo sensible, sino, además, cosensible. Es decir, la actividad científica se basa en la identidad básica de la sensibilidad humana. Los fenómenos se producen en el mundo real, y no dependen del observador. La ciencia se limita a los fenómenos perceptibles en los que los observadores son intercambiables. No importa, a estos efectos, que lo perceptible sea el fenómeno en sí o el registro de un aparato medidor, por ejemplo.

La experiencia dicta que los informes sobre aquellos fenómenos avalados por varios observadores independientes son más fiables que aquellos que proceden de un solo observador.

Para que esto sea aprovechable científicamente, debemos asegurarnos de que los observadores “miran” el mismo fenómeno.

Pero, debido a la falibilidad de los sentidos, las distorsiones e ilusiones ópticas, etc, la ciencia no deja las observaciones, en la medida en que esto es posible, al azar.

Este es el sentido del experimento. Una observación provocada, con variables controladas que puede ser reproducida por cualquier observador (dejemos aparte las limitaciones técnicas y de otro tipo, me refiero a que cualquier “persona” por el hecho de serlo, puede “ver” lo mismo).

El experimento puede estar destinado a comprobar una teoría, a falsar otra, a comprobar una predicción, a refinar resultados cuantitativos, etc. En general, un experimento se destina a obtener una novedad.

En la ciencia, un resultado experimental constituye una prueba, en un sentido muy similar al que tiene ese término en el terreno judicial.

Lo crucial del experimento en ciencia explica la exigencia de excelencia en el diseño y ejecución de los experimentos.
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4 comentarios

Asigan -

Bueno, dob tiene bastante razón, me parece a mi, en que miestras las capacidades deductivas sigan intactas, la deformación de la realidad no afecta muhco a un matemático y su capacidad productiva. Eso si, Tiopetros, las matemáticas son una ciencia, solo que no se refiere directamente al mundo real. Los matemáticos disfutaís de la libertad de inventar mundos, auqnue, paradójicamente, vuestro saber es ineludible a la hora de explicar el mundo real.

dob -

Me refiero a que para alguien que funciona en el pensamiento abstracto no es tan grave oir voces, o ver gente que no existe. Aparte del sufrimiento que le produciría, esa persona podría seguir desarrollando sus modelos y su investigación. Por lo menos en las películas de Hollywood :-)

En cambio, imagínate si el que ve fantasmas es Jane Goodall, o Kekulé: el valor de sus contribuciones al conocimiento colectivo queda reducido a cero, supongo. Aunque quién sabe, ¿habrán existido psicóticos también entre esta gente?

TioPetros -

John Forbes Nash.Este era el alucinado y esquizofrénico premio nobel.
Está claro que según el marco que Asigan le coloca a la actividad científica, la matemática no es una actividad científica: no depende de la realidad, ni del mundo exterior. Tampoco depende de la voluntad del observador. SUpongo que te refieres a eso, dob, cuando dices "poco conectados con la realidad que necesitan estar los matemáticos".
No obstante, se revela como la herramienta idónea para comprender el mundo. Curioso, ¿verdad?

dob -

Me estoy acordando de esa pelicula reciente en la que un matemático tenía visiones delirantes por culpa de la esquizofrenia, ¿como se llamaba? Me temo que si en vez de matemático hubiera sido, por ejemplo, físico, biólogo o psicólogo... desde luego el Nobel no se lo dan!!

Ahora reparo en lo poco conectados con la realidad que necesitan estar los matemáticos. Y lo esclavos de ella que somos los demás...
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