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Saber/Creer

E.R. Lankester, el cazafantasmas.

Edwing Ray Lankester (1846-1929) es recordado por varios motivos.

Fue un pionero del periodismo científico con una columna fija durante años en la prensa llamada "Ciencia desde un cómodo sillón" con enorme éxito. (A mí me suena a título de weblog)

Su terminología en el campo de la arqueología prehistórica todavía permanece.

Popularizó las descripciones de animales y paisajes extintos de la antigüedad. Conan Doyle se inspiró en ellas para sus propias descripciones en el clásico de aventuras "El mundo perdido", donde uno de los personajes cita a Lankester.

Se le considera el responsable de la recuperación del concepto de selección natural, perdido para la biología británica desde pocos años tras la muerte de Darwin. Trató de conciliar las teorías de Weissman, el pionero alemán de la genética, con la selección natural, adelantándose a la teoría sintética.

Además, y esta es la razón de que hable de Lankester hoy, fue el primer científico que denunció públicamente y ante un tribunal los manejos de un charlatán que pretendía poder comunicarse con los espíritus de los fallecidos.

Henry Slade era famoso en Londres por su pretendida capacidad como medium. El espectáculo de Slade consistía en hacer preguntas al espíritu de su propia esposa fallecida que esta respondía por medio de mensajes escritos misteriosamente en una pizarra.

Lankester, que admiraba profundamente a Darwin, tal vez para ganarse su afecto, pues sabia que el gran hombre aborrecía a los espiritistas que florecían en la sociedad victoriana británica, asistió a una de las sesiones de Slade.

En un momento de silencio en el que Slade se disponía a realizar una pregunta, siempre en un ambiente de gran oscuridad, Lankester arrebató la pizarra al medium, comprobando que, aunque la pregunta aún no había sido realizada, la respuesta ya estaba escrita en la pizarra.

Lankester denunció a Slade ante un juzgado, acusándole de "delincuente común". El juicio alcanzó gran resonancia en la sociedad británica, y se consideró un enfrentamiento entre los dos padres de la teoría de la evolución, Darwin y Wallace.

El primero de ellos contribuyó a los gastos del juicio aportando dinero a Lankester, y Wallace se personó en el juicio como testigo favorable a Slade, al que consideraba un hombre tan honrado como cualquier investigador. Wallace era un fervoroso creyente y en cierta ocasión provoco cierto escándalo al permitir la lectura de un trabajo sobre transmisión a distancia del pensamiento en una importante reunión científica.

Durante el juicio, Slade declaró que ignoraba como había llegado el texto a la pizarra, y un famoso mago mostró varías formas en las que aquello pudo ocurrir. Pero el juez desestimó todo lo que consideraba exhibición circense y juzgó y condenó a Slade basándose en una ley que condenaba la lectura de manos y otros medios de adivinación.

Slade no fue a la cárcel, durante una revisión del caso por motivos técnicas, huyó a Europa, donde continuó su lucrativa actividad, aunque las sospechas nunca le abandonaron y su descrédito creció hasta que acabó solo y olvidado.

Lankester sostenía que las supercherías de los charlatanes nunca podrían engañar a un científico preparado como él. Lamentablemente, el propio Lankester fue un ejemplo de lo contrario. Él fue una de las víctimas más notables del fraude del "Hombre de Piltdown", cuyas implicaciones parecían apoyar sus más queridas creencias.

4 comentarios

Asigan -

El episodio que cuentas,Holbach, se relaciona con la lectura de aquel estudio sobre la telepatía que Wallace autorizó al que me refiero en el post. Por cierto, si me lo permites, te recomiendo el diccionario de la evolución de Richard Miner, ya que lo nombras, si es que no lo conoces.A ver si me animo a contar un enfrentamiento de Wallace, en el fondo un buen hombre muy honesto, con los terraplanistas, que Milner cuenta también.

Holbach -

Asigan, al espiritismo le pasa lo mismo que a las religiones reveladas: todos ellos son sistemas de pensamiento mágico que chocan con la cosmovisión científica.

Richard Milner menciona en 'Investigación y Ciencia' (dic. 1996) otro episodio muy interesante ocurrido tres años después del juicio contra el médium Slade. Ante la precaria situación económica de Wallace, en 1879 Darwin buscó apoyo para que se le concediera a su colega una pensión oficial en reconocimiento de sus contribuciones científicas. El botánico J. Hooker se negó a ayudar, argumentando que Wallace era "un público y destacado espiritista". Darwin replicó impávido que las creencias de Wallace "no eran peores que las supersticiones imperantes en el país". Darwin continuó su campaña y dinalmente Wallace pudo disfrutar de una modesta pensión. Este episodio nos muestra tanto la magnanimidad de Darwin como su verdadera opinión acerca de los dogmas cristianos, las "supersticiones imperantes" en la Inglaterra victoriana.

Vailima -

Interesante, sí señor.
Un saludo

dob -

Gracias, qué interesante, no sabía nada de esto.

La historia del caballo que sumaba también es buena, y en aquel caso ni siquiera había mala fe. Solo una situación maravillosa e inexplicable, de las que gustan a los creyentes.